Lágrimas imperfectas

2/8/08


¿Y si las lágrimas pudieran hablar? Pero todos sabemos que no es así... salen de nuestro interior para humedecer el exterior, y luego desaparecen como si nunca hubiesen existido. No dejan ningún rastro de nuestro dolor o de nuestra alegría, e incluso a veces nosotros somos los culpables de su desaparición. ¿Quién no ha limpiado nunca una lágrima de su mejilla o de una ajena? ¿Quién no ha saboreado nunca ese sabor salado tan característico de las lágrimas?
Pero tampoco son necesarias para relatar nuestro pasado, ¿por qué quien ha sufrido más? ¿el qué ha derramado miles de lágrimas o el que nunca ha sido capaz de derramar ninguna?.
Ojalá fuera la vida como uno de esos cuentos que nos narraban de pequeños, aquellos en los que la esclava lloraba desconsolada e iba guardando como pequeños tesoros cada lágrima que derramaba, hasta que llegaba el día en el que un príncipe se enamoraba de ella, al verla vestida con miles de lágrimas que habían sido usadas para confeccionar el vestido más bello que jamás se hubiese visto. Y ahora viene la famosa frase que suele usar actualmente: “Ohh que daño nos han hechos los cuentos de hadas”.
¿Pero acaso no somos nosotros mismos los que más daño nos hacemos? ¿quién peca más, la mujer que sigue siendo niña y esperando a su príncipe azul o la mujer con fachada de hielo que reniega el amor?.
Y yo...¿yo qué soy? ¿yo qué hago?.
Soy una mujer, eso lo tengo claro, creo en el amor, eso también lo tengo claro...y tengo un príncipe...¿azul? ¿pero quién lo quiere azul, quién quiere tener un príncipe que sea absolutamente y asquerosamente perfecto?. Yo tengo un príncipe si, y es imperfecto, y por eso me ha enamorado, porque yo también soy perfecta y por ello estoy orgullosa. Si, yo la imperfecta, con mi príncipe imperfecto y con nuestro imperfecto amor. ¿Pero acaso la felicidad a veces no es imperfecta?

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